jueves, 29 de octubre de 2009

Sobre la Naturaleza de los Ángeles, Segunda Parte


Los ángeles son efectivamente espíritus ministrantes enviados para servir a los que heredan la salvación. Estos ángeles han funcionado como asistentes espirituales del hombre mortal en todos los grandes acontecimientos del pasado y del presente. En muchas revelaciones «la palabra fue dicha por medio de los ángeles»; muchos de los mandatos del cielo han sido «recibidos por disposición de los ángeles». A pesar de la rebelión, Jehová ha dispuesto una vasta ayuda para sus siervos. Los ángeles fieles penetran por autorización superior dentro de las fronteras de este sistema, y lo hacen para ayudar a los hombres que desean encontrar y servir a Dios. El Ángel de Jehová en verdad acampa alrededor de los que le temen. Nunca estamos solos.

Los ángeles desarrollan un gran afecto por sus asociados humanos; y nosotros, si tan sólo pudiéramos visualizar a los ángeles, también tendríamos un cálido afecto por ellos. Liberados de los cuerpos materiales y puestos en formas espirituales, estamos muy cerca de los ángeles en muchos atributos de la personalidad. Comparten la mayor parte de nuestras emociones y experimentan algunas más. La única emoción que para ellos es algo difícil de comprender es la herencia del temor similar al animal que ocupa tanto lugar en la vida mental del habitante promedio de la Tierra. Los ángeles verdaderamente encuentran difícil comprender por qué nosotros permitimos tan persistentemente que nuestros poderes intelectuales más elevados, aun nuestra fe religiosa, estén tan dominados por el temor, tan profundamente desmoralizados por el pánico irracional del miedo y de la ansiedad.

En el ministerio de la custodia personal, la asignación de ángeles con el encargo de ayudantes, los ángeles siempre ofrecen voluntariamente sus servicios. Ser centinela y ayuda de los humanos es una de las labores mas codiciadas por estos mensajeros. Ellos son ejemplos para los siervos de Dios.

Los ángeles son estimuladores de la mente; intentan continuamente promover en la mente humana las decisiones que cumplen los círculos espirituales mas elevados. Lo hacen, no de la manera en que lo hace el Espíritu Santo y la oración, operando desde adentro y a través del corazón, sino más bien desde afuera hacia adentro, trabajando a través del medio ambiente social, ético y moral de los seres humanos. A veces alguien recibió alguna información, literatura que apareció de pronto, o visita de alguien externo supuestamente casual que lo ayuda en lo espiritual. En eso esta la mano de los ángeles, aunque los hombres generalmente no tienen conciencia de ellos. La predicación da testimonio de esto.

Los ángeles fieles no invaden la santidad de la mente humana; no manipulan la voluntad de los mortales; tampoco se ponen en contacto directo con el corazón de estos. El ángel te influye externamente de toda manera posible que siempre esté de acuerdo con la dignidad de tu personalidad; bajo ninguna circunstancia interfieren estos ángeles con la libre acción del libre albedrío humano. Ni los ángeles ni ninguna otra orden de personalidad universal tienen poder ni autoridad para limitar o cercenar las prerrogativas de la elección humana.

Los ángeles están tan cerca de nosotros y con tanto sentimiento nos cuidan espiritualmente, que figurativamente «lloran por nuestra intolerancia y testarudez intencionadas». Ellos no esparcen lágrimas físicas; no tienen cuerpos físicos; tampoco poseen alas, las cuales representan su velocidad que parece teletransportacion. Pero sí tienen emociones espirituales, y experimentan sentimientos y sensaciones de naturaleza espiritual que son en ciertas maneras comparables a las emociones humanas.

Los ángeles actúan para nuestro bien independientemente de nuestras solicitudes directas; ejecutan los mandatos de sus superiores, y por lo tanto funcionan a pesar de nuestros antojos pasajeros o de nuestros estados cambiantes de ánimo. Esto no implica que nosotros no podamos hacer más fácil o más difícil sus tareas, sino más bien que a los ángeles no les concierne directamente nuestras solicitudes ni nuestras oraciones. Ellos no quieren recibir peticiones infantiles ni la adoración que pertenece a Jehová.

No son dueños ni directores; son simplemente guardianes espirituales. Ellos nos vigilan; pero no buscan directamente influirnos; vosotros debéis trazar vuestro propio curso de acción, pero estos ángeles entonces actúan para hacer el mejor uso posible del curso que habéis elegido. No intervienen (generalmente) arbitrariamente en los asuntos rutinarios de la vida humana. Pero cuando reciben instrucciones de sus superiores para efectuar alguna obra poco común, podemos estar seguros de que estos guardianes encontrarán la manera de llevar a cabo estos mandatos. Por lo tanto, no se entremeten en el cuadro del drama humano excepto en urgencias, y entonces generalmente por orden directa de sus superiores. Son los seres que nos seguirán por muchas edades, y por eso están recibiendo una introducción a su obra futura y asociación con la personalidad de los hombres. Ellos se alegraran de ayudar al hombre a que vuelva a la perfección.

El hombre y el ángel pueden o no ser reunidos en servicio eterno, pero donde sea que la asignación los lleve, los ángeles están siempre en comunicación con sus previos protegidos en los mundos. Las asociaciones íntimas y los contactos afectivos de los mundos de origen humano no son nunca olvidados ni jamás completamente rotos. En las edades eternas, hombres y ángeles cooperarán en el servicio divino así como lo hicieron en la carrera del tiempo. Cuando llegue ese día, los ángeles tendrán nuevas asignaciones, aunque siempre se mantendrá el cariño y aprecio por su humilde y anónimo trabajo en favor de los siervos humanos de Dios.